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Playa Mizata, rica en biodiversidad, amenazada por expansión de Surf City

El Salvador no contempla ninguna definición o regulación de eco turismo. Pero hay proyectos que, bajo esta bandera, prometen construcciones "amigables con el medio ambiente" basadas en vacíos en legislación ambiental. Mizata, playa rica en biodiversidad, está actualmente amenazada por una construcción que busca expandir el área de Surf City.

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Ecosistema. Entre las 151 especies de flora que actualmente habitan la finca Las Brisas se encuentra el caoba, el cincho y el cortés negro.

A un cocotero le toma 25 años alcanzar su máxima altura. Miguel Ángel López lo sabe porque él sembró, hace dos décadas, una hilera a orillas del mar aquí en el cantón Santa María Mizata, Teotepeque, La Libertad. Ahora el viento bate las que parecen pelucas a varios metros de la arena. Y todavía les falta crecer más.

"Ella se iba a las 5 de la mañana, todos los días, a llenar un cántaro para echarles, aunque sea, un poquito de agua", cuenta Miguel, de 65 años. Señala a su esposa Marina, que enjuaga la ropa de los nietos en un lavadero de cemento. El matrimonio llegó aquí, cuando solo el mar reclamaba terreno, hace 40 años, cuenta el pescador, sentado en una silla plástica bajo la sombra de sus cocoteros.

"Quizá son los gringos o los chinos los que se están apoderando de esos terrenos, ¿verdad?", especula Miguel, con los pies enterrados en la arena. Se refiere a las parcelas frente al mar que se extienden a kilómetros de su comunidad.

Las playas de Mizata, como las que habitan Miguel y su comunidad, forman parte de Surf City, el proyecto turístico insignia del gobierno de Nayib Bukele. El Gobierno define a Surf City como una "estrategia integral de desarrollo de la franja costera", que incluye distintos puntos costeros ubicados en los departamentos de Ahuachapán, Sonsonate, La Paz, San Miguel y La Unión.

Miguel ha visto crecer a sus hijos y a los hijos de sus hijos bajo la hilera de plantas que lo protegen a él y a sus vecinos del sol de las 10 de la mañana. "Lo mejor de mi vida lo he dejado aquí", dice el pescador, sonriente.

Los cocoteros no son árboles, son plantas. Crecen en suelos playeros, suelos altos en sal. Crecen en donde otras plantas jamás podrían hacerlo. Los cocoteros de Miguel llevan dos décadas creciendo en el suelo de Mizata. El mismo suelo en el que el pescador y su nieta de cuatro años hunden los pies.

Alrededor de los cocoteros se aglutina una comunidad de pescadores que decidió autodenominarse "Mizata la playa" para que no los confundan con quienes viven "en el centro de Mizata". Una comunidad que recibe a sus visitantes con los cocos de la hilera de Miguel. Porque estos cocoteros también son sustento para quienes viven bajo su sombra.

Quien compró las 38 manzanas conocidas como finca Las Brisas, a pocos kilómetros en línea recta de la vivienda de Miguel, no es ningún extranjero. Se trata de la Corporación Venecia, S. A. de C. V. (CORVEN), empresa salvadoreña con 28 años de experiencia en el ramo turístico.

El plan en esa parcela a la orilla del mar ya no es sembrar cocoteros. Es construir un mega proyecto denominado "OceanBreeze, Eco Hotel, Villas & Beach Resort". CORVEN define a OceanBreeze como "ecoturístico", a pesar de que, de acuerdo con el Sistema de Evaluación Ambiental del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), está clasificado como un proyecto de alto impacto ambiental.

OceanBreeze tiene clasificación Nivel 3 (N3), que significa que el proyecto dejará daños ambientales irreversibles. Y está diseñado para construirse en un terreno que cuenta con parcelas clasificadas como zonas de máxima protección ambiental, a pesar de que su Estudio de Impacto Ambiental (EIA) no mencione estas clasificaciones.

Los suelos de Mizata son arenosos en la comunidad de Miguel López, pedregosos en algunas zonas playeras y mixtos en parcelas como la finca Las Brisas. Y en estos suelos, que se extienden a lo largo de la franja de tierra frente al Océano Pacífico, crecen plantas codiciadas por el aceite de sus frutos o por su madera.

Solo en Las Brisas hay caoba, cincho y cortés negro. Los tres están clasificados como especies de flora en peligro de extinción, según el MARN. También hay cedro real, palo mora, castaño y ronrón, especies clasificadas como amenazadas.

El EIA de OceanBreeze sentencia que en Las Brisas van a cortar 151 especies de flora. Ahí se enlistan cocoteros que tardan 25 años en crecer, caobas que tardan 12 y arbustos que duran un estación lluviosa. El EIA especifica que hubo consulta en las comunidades aledañas a la finca. Que hubo "participación" de ADESCOS a través de la Alcaldía de Teotepeque.

Pero a Miguel Ángel nadie le preguntó si tenía alguna objeción por la construcción de este proyecto. Él se enteró de la expansión de Surf City "porque tiene televisión". Por esto y porque la vista se le llena cada vez de más proyectos y locales turísticos que necesitan compactación de suelos. Proyectos que no comulgan con el terreno bajo sus pies y bajo sus cocoteros.

Estudios irregulares

"Todo eso que quieren hacer aquí es prohibido", sentencia Miguel. El pescador sabe que la región que habita, y que se extiende más allá de donde alcanza a ver, es zona de importancia ambiental.

A unos metros de la vivienda de Miguel hay un espacio que la comunidad bautizó como "vivero de tortugas". Las playas de Mizata son sitio de anidación de tres especies de tortuga: golfina, carey y baule. Estas últimas dos están clasificadas como especies en peligro de extinción por el mismo MARN.

"Es que la mayor parte de la zona costero marina es protegida", dice, a 75 kilómetros de la comunidad de Miguel Ángel, el gerente jurídico de Grupo CORVEN, Alberto Guillén. El abogado le da la razón al pescador sin ni siquiera conocerlo.

El presidente de CORVEN, Marco Antonio Zablah, ya había aparecido mencionado anteriormente en una investigación periodística sobre construcciones en el cerro Afate, en el lago de Coatepeque, una zona clasificada como área de máxima conservación ambiental. Ahí, la empresa Desarrollo Agua Caliente S. A. de C. V., propiedad de Zablah, inició la construcción de "Coatepeque Lake Villas", un proyecto de 39 casas de lujo con piscinas termales , de acuerdo con una publicación del medio GatoEncerrado.

Las 38 manzanas de la finca Las Brisas, que agrupan una quebrada de época lluviosa, tres playas privadas y vistas desde farallones y acantilados a orillas de Mizata, cuentan con parcelas clasificadas como áreas de máxima protección ambiental.

Y, por su ubicación frente al mar, este mega proyecto tendría que regirse por los lineamientos de usos del suelo del atlas de Decreto Ejecutivo 59 sobre las directrices para la zonificación ambiental y los usos del suelo de la franja costero marina del MARN, un documento que dicta qué proyectos pueden realizarse en las zonas costeras salvadoreñas basándose en su importancia ambiental.

El EIA de OceanBreeze, sin embargo, se basó en un documento distinto: el atlas de Decreto Ejecutivo 9 directrices para la zonificación ambiental y los usos del suelo de la región noroccidental del país. Un documento con lineamientos para 117 municipios, ninguno ubicado en las costas del país. Es decir que este proyecto turístico de playa asegura haberse basado en directrices ambientales de municipios que ni siquiera están cerca del mar.

El gerente judicial de Grupo CORVEN, Alberto Guillén, asegura que "la base sobre la cual se empezó a trabajar el proyecto" fue el atlas de zonificación ambiental y usos de suelo de la franja costero marina. Por ello, asegura, este es "el que tendría que aparecer en el EIA". Pero después aclara que "es el equipo multidisciplinario que realizó el EIA el encargado de verificar y confirmar todo esto": "No puedo confirmar yo, como abogado de la empresa, en qué partes se han basado porque los especialistas son ellos", dice.

Vacíos en la ley

CORVEN vende a OceanBreeze como un proyecto "ecoturístico". Y la definición que en la corporación manejan de este concepto es, de acuerdo con Guillén, la de "un proyecto ecológico que busca la mínima afectación posible sobre el medio ambiente".

Pero ni él ni el presidente de CORVEN, Marco Antonio Zablah, explican en qué regulación o definición se basa el concepto de ‘eco turismo’; sin embargo, aseguran que OceanBreeze es el proyecto "pionero" de la corporación en este ámbito.

"Aquí están las lanchas, están nuestras casas. Y, más allá, está la playa y las tortugas", dice Miguel Ángel López. En Mizata la playa, los habitantes respetan los espacios para las personas y para las tortugas. Ahí están conscientes de la riqueza ambiental de las playas de arena y las de piedras.

Y, más allá de la vista de Miguel, están los farallones. Esas formaciones rocosas emergen de parcelas de diferentes tonalidades de verde. Alrededor, agua y vegetación. Las Brisas es una de estas parcelas. Este terreno, que para CORVEN se trata de terrenos en "estado de abandono", es el hábitat de una gran variedad de especies de fauna y flora.

Para el biólogo e investigador asociado de la Universidad "Francisco Gavidia" Enrique Barraza, una construcción no puede autodenominarse ‘eco-turística’ porque en el país no existe, hasta el momento, una definición específica del término eco-turismo: ni en la Ley de Medio Ambiente ni en la Ley de Turismo, que serían las que tendrían que aplicarse en esos casos.

A pesar de ello, Alberto Guillén, gerente judicial de Grupo CORVEN, dice que la construcción de OceanBreeze busca "demostrar, no solo al país, sino al mundo, que se puede realizar un proyecto de esta envergadura sin afectación directa o mayor al medio ambiente". Por ello, dice, el proyecto lleva la etiqueta de "ecoturístico".

Y aunque El Salvador no maneje ni contemple una definición del término, hay un proyecto "ecoturístico" planeado a pocos kilómetros de Mizata la playa. A pocos kilómetros de la zona en la que una comunidad completa se organizó para conservar los huevos de las tortugas marinas.

"Nosotros aquí calles no queremos", dice Miguel Ángel López bajo la sombra de las palmeras que creció "a puro jalón de agua". Está consciente, sin embargo, de que si Surf City continúa expandiéndose, ni él, ni sus hijos, ni los hijos de sus hijos podrán descansar debajo de los cocoteros. También está consciente, dice, de que no podría llevarse las plantas con él.

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