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El presidente Bukele está obligado a reconocer, respetar y cumplir los Acuerdos de Paz (I)

Solo los que vivieron y sufrieron en carne propia las incidencias de la guerra pueden valorar en su verdadera dimensión el silenciamiento de las armas y el fin de la persecución.

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Jorge A. Guzmán U. - Exjuez de Instrucción

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No son propias de un jefe de Estado las expresiones y valoraciones que el señor presidente de la República ha proferido durante los últimos días y aun antes, respecto al significado, contenido e importancia de los Acuerdos de Paz firmados por el gobierno y el FMLN el 16 de enero de 1992, los cuales ha calificado de una "farsa", de un "Acuerdo o Pacto de cúpulas que se repartieron el país para enriquecerse", y otras en similar sentido; todo lo cual sirvió como justificación para que recientemente la Asamblea Legislativa, fiel al ejecutivo, derogara el decreto que instituyó el 16 de enero de cada año como el "Día de los Acuerdos de Paz", sustituyéndolo por el "Día Nacional de las Víctimas del Conflicto Armado"; no cabe duda también, que uno de sus propósitos es evadir el obligatorio cumplimiento de esos Acuerdos.

Importancia y significado de los Acuerdos de Paz. Es irrazonable desconocer la importancia de los Acuerdos de Paz para la sociedad salvadoreña, y principalmente para la sociedad de aquella época que vivió los estragos del conflicto armado, porque si algo es muy cierto es que solo los que vivieron y sufrieron en carne propia las incidencias de la guerra pueden valorar en su verdadera dimensión el silenciamiento de las armas y el fin de la persecución; las generaciones posteriores que no presenciaron estos acontecimientos solo los pueden valorar conforme al nivel de sensibilidad que se tenga por el dolor y sufrimiento ajeno, lo que deviene de principios y valores religiosos, morales y éticos de los que muchas veces se adolece.

La firma de los Acuerdos de Paz trajo consigo la finalización de los enfrentamientos armados; el cese de los operativos militares principalmente en el área rural de nuestro país, que en muchos casos provocaron graves masacres de población civil no interviniente en el conflicto, desapariciones forzadas y desplazamientos forzados; terminó con el accionar de los comandos urbanos, así como de los escuadrones de la muerte que se dedicaban a asesinar opositores políticos; acabó con el secuestro de alcaldes, funcionarios de gobierno, diplomáticos y empresarios para exigir un rescate y alimentar la campaña guerrillera. Todo esto trajo consigo y de inmediato el más grande alivio principalmente para la población civil, pues significó: ya no salir de su barrio, colonia o caserío alzando banderas blancas, con niños o enfermos en brazos sin a veces lo mínimo necesario para subsistir, a vivir de la misericordia ajena, y luego, al retornar a sus casas encontrarla destruida o saqueada; significó la posibilidad de retornar a la zona de donde fueron desplazados por muchos años porque se volvió inhabitable por los continuos operativos militares y enfrentamientos armados, con el anhelo de reconstruir sus vidas y el tejido social de sus comunidades; significó la oportunidad de emprender la búsqueda de sus familiares muertos o desaparecidos, así como de exigir justicia por aquellos que, no siendo parte en el conflicto, fueron víctimas de graves violaciones a los derechos humanos o al derecho internacional humanitario.

Los Acuerdos de Paz crearon nuevas instituciones, como la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral, el Consejo Nacional de la Judicatura, la Policía Nacional Civil, el Foro Económico y Social y otras, que serían la base para la democratización del país; de igual forma hizo desaparecer cuerpos de seguridad represivos, así como los BIRI señalados de atroces masacres, y dio una nueva orientación y doctrina a la Fuerza Armada. Si algo se me ha quedado, no puede desconocerse que lo anterior no es poco.

Para las posteriores generaciones que no vivieron el conflicto armado, los Acuerdos de Paz igualmente deben revestir una importancia significativa, guardando memoria imperecedera de los mismos, puesto que esto permitirá conocer las causas estructurales que originaron la guerra civil y produjo tales acuerdos, así como superar esas causas estructurales para que ese capítulo sangriento de la historia de nuestro país no se vuelva a repetir.

Debe reconocerse, como muchos han opinado, que los Acuerdos de Paz no fueron perfectos, hubo vacíos u omisiones en el tratamiento de temas vitales para una paz con justicia y reconciliación, como la superación de la impunidad, lo económico, social y otros; de igual forma los gobiernos posteriores a la firma de los Acuerdos de Paz, incluyendo el actual, han incumplido con la ejecución de buena parte de los mismos, no obstante que esos Acuerdos son de obligatorio cumplimiento.

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