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El presidente Bukele está obligado a reconocer, respetar y cumplir los Acuerdos de Paz (II)

El actual gobierno está obligado a cumplir con los pactos adquiridos, y no puede excusarse de su cumplimiento so pretexto de que los anteriores gobiernos no lo hicieron.

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Jorge A. Guzmán U. - Exjuez de Instrucción

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Obligatoriedad en el cumplimiento de los Acuerdos de Paz. Los Acuerdos de Paz firmados el 16 de enero de 1992 fueron y son de obligatorio cumplimiento para los anteriores gobiernos y el actual; ese carácter vinculante se advierte del espíritu y propósitos plasmados en la parte introductoria y de la Declaración Final contenida en los Acuerdos y que a la letra dice: "Las Partes expresan su firme determinación de respetar escrupulosamente y ejecutar de buena fe todos los compromisos asumidos en el presente Acuerdo y en los demás que han alcanzado en el proceso de negociación, dentro de los términos y a través de los mecanismos previstos en ello". Los Acuerdos de Paz no son solo un documento; según lo ha establecido la Sala de lo Constitucional en su sentencia de Inconstitucionalidad 4-2012 del 17 de mayo de 2013, son el origen y fuente material de reformas constitucionales que se dieron en temas como el sistema de justicia, derechos humanos, sistema electoral, Policía Nacional Civil, Fuerza Armada, lo económico, social y otros; los Acuerdos de Paz y reformas constitucionales están íntimamente vinculados, de modo que para interpretar esas reformas se debe acudir al espíritu de los Acuerdos de Paz; tales reformas constitucionales se concretaron por el carácter obligatorio que las partes firmantes dieron a los Acuerdos en todos los temas, no solo en unos, de manera que existe una deuda pendiente de cumplimiento en temas como la superación de la impunidad, lo económico, social y otros.

El Estado de El Salvador, como en toda negociación en la que se involucra a organismos como Naciones Unidas, está obligado a cumplir de buena fe los Acuerdos firmados, principio este de derecho internacional que aplica no solo respecto a tratados, declaraciones, Convenciones internacionales, sino en todos aquellos acuerdos que se construyen bajo el auspicio de Naciones Unidas; si ese no fuera el sentido, el mayor organismo mundial no hubiera intervenido en mediación para el alcance de los Acuerdos, ni hubiera desplegado sus organismos de verificación de cumplimiento de los mismos. Por último, son obligatorios porque en todo conflicto armado, ya sea interno o internacional, están fuertemente comprometidos los derechos humanos de combatientes y principalmente de la población civil no interviniente, debiendo aplicarse un criterio amplio en la consideración de obligatoriedad de esos acuerdos, para dar por terminada una situación de conflicto violatoria de los derechos humanos.

Debe mencionarse que los Acuerdos de Paz han sido reconocidos internacionalmente como un ejemplo de pacificación de una sociedad inmersa en una guerra interna, e incluso han sido tomados como referencia para ser aplicados en países sometidos a conflictos internos, como el caso del proceso de negociación de la paz en Colombia.

Otro aspecto importante que abona a la obligatoriedad en el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, por lo cual el presidente Bukele no puede desconocerlos e incumplirlos, es porque en la función pública prevalece el principio de continuidad de los actos de administración pública, según el cual, los compromisos que adquiere un gobierno continúan con los gobiernos que le suceden, hasta su total cumplimiento o renegociación. Esto se fundamenta en que la figura de gobierno como un ente jurídico de carácter público es uno solo, independientemente de qué partido político esté gobernando; entonces, aun cuando la negociación y la firma de los Acuerdos la realizó el primer gobierno de ARENA, los gobernantes que le sucedieron estaban obligados a dar seguimiento y cumplir con los compromisos adquiridos; de igual forma –como se ha dicho–, el actual gobierno está obligado a cumplir con los pactos adquiridos, y no puede excusarse de su cumplimiento so pretexto de que los anteriores gobiernos no lo hicieron.

Con base en lo anterior, lo mejor que puede hacer el presidente Bukele es reconocer públicamente la importancia de los Acuerdos de Paz; pedir perdón a las víctimas y a la sociedad por mancillar y restar validez a los mismos; y proceder a su cumplimiento en los temas pendientes de superación de la impunidad, lo económico, social y otros. La injuria e invalidación de los Acuerdos de Paz solo son una apreciación subjetiva del presidente, objetivamente prevalecerán en la memoria histórica del pueblo salvadoreño.

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