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Pobreza

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Sandra de Barraza - Columnista de  LA PRENSA GRÁFICA

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La Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC) produce y difunde periódicamente información sobre la pobreza monetaria y la pobreza multidimensional. Con esta base, clasifica a la población en quintiles (grupos del 20 % cada uno), siendo el primero el de mayor desventaja y el quinto el más privilegiado, aunque con una gran amplitud de ingreso.

En el país hay pobreza monetaria. Es extrema cuando la población no tiene los ingresos necesarios para cubrir el costo per cápita de la canasta alimentaria. Es relativa cuando los ingresos no alcanzan para cubrir el costo per cápita de la canasta alimentaria ampliada (dos veces el costo de la canasta alimentaria). En el país hay pobreza multidimensional "que afecta diversas dimensiones de la vida de las personas, restringe el potencial de desarrollo de sus capacidades y, en consecuencia, limita sus perspectivas para vivir de manera digna". La pobreza multidimensional es más compleja. Se basa en el análisis de veinte indicadores en cinco dimensiones esenciales para el bienestar: a) educación; b) condiciones de la vivienda; c) trabajo y seguridad social; d) salud, servicios básicos y seguridad alimentaria; y e) calidad del hábitat.

El covid-19 impactó la ocupación, el empleo y los ingresos familiares. En consecuencia, la pobreza monetaria y la multidimensional registra incrementos considerables, especialmente en áreas rurales y urbano marginales. Iniciativas gubernamentales como la distribución de alimentos, bonos por $300 y los paquetes agrícolas son paliativos aunque no resuelven estructuralmente la situación de grandes mayorías.

Los indicadores para medir la pobreza multidimensional en la dimensión educación se quedan cortos. La inasistencia escolar, el rezago educativo, el cuidado temprano inadecuado y la baja educación de adultos impactan las perspectivas de bienestar y desarrollo. El covid-19 obligó al cierre de escuelas; los estudiantes y docentes abandonaron los centros de enseñanza por un periodo largo de tiempo. Las autoridades rectoras del sistema educativo centralizaron medidas para ampliar el acceso a las tecnologías para la enseñanza, promovieron la capacitación para el uso de recursos en pandemia, y entre otros, promovieron el uso de recursos alternativos para la enseñanza. Tiempo y dinero se destinaron para enfrentar la situación. ¿El resultado?

Los estudiantes abandonaron la escuela y enfrentaron, en su mayoría, la carencia de recursos para el aprendizaje. La gran mayoría estuvo obligado a compartir teléfonos con recarga. Y la gran mayoría tuvo limitaciones por el impacto de las recargas en el presupuesto familiar, por la débil o inexistente señal; y además, por la falta de orientación en el proceso de aprendizaje. Cualquier duda, quedó en duda. La tarea fue elaborar, con muchas dificultades, las guías y presentarlas. Muchos abandonaron la escuela porque el aprendizaje se hizo cuesta arriba.

El Banco Mundial acaba de difundir información alarmante sobre las implicaciones del covid-19 en la educación. Siete de cada ocho estudiantes no podrán comprender un texto simple y tampoco desarrollarán las competencias mínimas en matemática. Esto significa que a futuro, el 86 % de la población no va a tener las competencias necesarias para desenvolverse social ni laboralmente. El banco, junto con otras instituciones, hace un llamado urgente a unir esfuerzos y recursos para enfrentar de manera responsable y audaz la pobreza en el aprendizaje, pobreza que afectará la democracia y la generación de riqueza. La pobreza en el aprendizaje es la base de la pobreza monetaria y la multidimensional. Si no se toman medidas para recuperar y asegurar el aprendizaje efectivo, condenamos el futuro de la actual población en edad escolar.

Han pasado más de dos años y la educación sigue sin rumbo. ¿Hay conciencia de que no puede volverse a lo mismo porque la situación es más crítica? La presencialidad en las escuelas es parcial aunque los estadios deportivos y los centros de presentaciones artísticas estén abarrotados. A más de dos años, empiezan a salir a luz las implicaciones de la pandemia en la educación. No se ha retrocedido porque no se ha vuelto atrás en el tiempo ni en el espacio, más bien, la educación se ha hundido con las implicaciones que esto tiene.

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Tags:

  • pobreza
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